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ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN

La Fórmula 1 del siglo XXI: money, money, money

La Fórmula 1 del siglo XXI: money, money, money

Pablo Grau   17 de Febrero 2013 17:06

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La Fórmula 1 del siglo XXI: money, money, money

Yates, hoteles de cinco estrellas, pases VIP, 'meetings', entrevistas...El mundo de la Fórmula 1 está plagado de pequeñas semillas que, si no se cuidan y riegan bien, pueden llegar a dar frutos podridos. Pero el gran problema del mundo del motor, lleno de lujos y ambiciones, no radica en los pilotos, ni en los equipos, ni en los patrocinadores. ¿Quién es entonces el principal responsable de que cada vez haya más pilotos con talento fuera de la parrilla? ¿Qué es lo que hace que esta temporada vayamos a tener más pilotos debutantes en F1 que en los últimos años? ¿Es lógico que un equipo apueste por los millones y deje a un lado el talento que pueda ofrecer un piloto veterano y con experiencia? Preguntas que, a priori, pueden no tener respuesta, pero que si la situación se analiza con detenimiento, se puede llegar a un mayor entendimiento de la situación actual de la F1.

Lo cierto es que, pensando detenidamente, quizás sí haya un responsable a quien haya que rendir cuentas por lo que está sucediendo en la F1: el dinero o, más bien, la falta de él. Los equipos siempre han necesitado dinero para subsistir en la F1. Cierto es que antiguamente, el talento de un piloto se imponía, muchas veces, a los sacos repletos de dinero, pero el fenómeno de los pilotos de pago ha existido desde hace años. Si echamos la vista atrás, hasta la década de los 90, encontraremos quizás al piloto prototipo de 'piloto de pago', y ese no es otro que Pedro Diniz. Nacido en Sao Paulo un 22 de mayo de 1970, Diniz llegó a la F1 gracias al patrocinio de la marca Parmalat, negocio dirigido por el padre del brasileño. Debido a esta alianza comercial y económica, Diniz se unió al equipo Forti en 1995 y, a partir de ahí, comenzó a entablar contactos a través de los negocios de su padre.

El periplo de Diniz en la F1 duró seis años (1995-2000), en los que pilotó para Forti, Ligier, Arrows y Sauber. Durante las seis temporadas que rodó en la categoría reina del motor, Diniz tuvo la suerte de ser compañero de Damon Hill en 1997, e incluso fue capaz de ganarle en algunas ocasiones. Pero si analizamos los éxitos cosechados por el brasileño, observaremos que Diniz jamás ha podido ser recordado por lo conseguido en los circuitos. Diez fueron los puntos que anotó durante seis años, jamás llegó a la zona del podio y casi tuvo más abandonos que Grandes Premios disputados. ¿Significa esto que no merecía un asiento en la F1? Bueno, muchos señalan el término 'piloto de pago' como algo negativo, cuando no tiene porqué serlo. Un piloto de pago puede llegar a la F1 gracias al patrocinio de cualquier marca pero, si luego demuestra en la pista que merece ese asiento, habrá superado las expectativas y todo el mundo le alabará. Ahora bien, lo que no se puede pretender es que un piloto aterrice en la F1, rodeado de millones, y se estrelle estrepitosamente tras completar un recorrido en la pista digno de ser olvidado. Juzguen ustedes mismos.

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Los casos de Pedro de la Rosa y Marc Gené

Por desgracia, en España tenemos dos grandes casos en los que los pilotos fueron valorados cuando se acercaron a un equipo con los bolsillos llenos de oro, pero rápidamente apartados en cuanto dichos bolsillos se quedaron vacíos. Se trata de Pedro de la Rosa y Marc Gené. Tras triunfar en Japón en varias categorías, desde la Fórmula 3 hasta la Categoría de Gran Turismo, de la Rosa llegó a la F1 en 1998, donde se convirtió en probador del equipo Jordan. No fue hasta 1999 cuando Pedro de la Rosa debutó como piloto oficial. Lo hizo para el equipo Arrows gracias a la ayuda de su patrocinio con la empresa Repsol. A pesar de haber rendido mejor de lo esperado ese año y el siguiente, el equipo Arrows decidió no contar con él en 2001, notificándole dicha decisión cuando faltaba poco más de un mes para el inicio de la temporada. ¿El motivo? La rotura de contrato de patrocinio con Repsol. De nuevo, money, money, money.

Más triste fue el recorrido de Marc Gené como piloto oficial de F1. La aventura del catalán comenzó en el año 1999, cuando fichó para el equipo Minardi y donde corrió junto a Luca Badoer, a quién terminó ganado a final de año, convirtiéndose así en el mejor debutante de esa temporada. Continuó con Minardi el año siguiente, donde logró terminar en la misma posición que el año anterior (18º), aunque esta vez sin lograr puntuar en ninguna carrera. No obstante, Gené siguió mejorando en la pista y continuó demostrando un mejor rendimiento que su compañero. De cara a 2001, la cosa se torció bastante. Comenzaron divisarse negros nubarrones en el horizonte y la carrera de Gené en la F1 pendía de un hilo. Finalmente, el equipo Minardi decidió prescindir de él como piloto titular tras la fallida negociación de compra del equipo por parte de Telefónica, que finalmente sí certificó Paul Stoddart. De nuevo, el dinero sentenciaba y el piloto agachaba la cabeza y acataba órdenes.

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Y esa situación no hacía más que comenzar. Hoy en día, historias como la de Diniz, de la Rosa o Gené se repiten año tras año. Recordemos lo ocurrido con Rubens Barrichello, por ejemplo. Tras varios años en Ferrari, completó sus dos últimas temporadas en F1 con el equipo Williams, donde vivió una de las peores temporadas del equipo en la historia del deporte (2011). Tras sumar solamente 5 puntos, los de Grove decidieron prescindir de Barrichello y sustituirlo por Bruno Senna. Y esta lista no hace más que engrosar con nombres de la talla de Heikki Kovalainen, Jarno Trulli o Timo Glock. La última víctima ha sido el español Jaime Alguersuari que, tras completar su mejor temporada en la F1 (2011), fue despedido de Toro Rosso ese mismo año y, desde entonces, no ha vuelto a ser piloto titular en ningún equipo.

¿Oportunidad merecida?

Con este análisis no se pretende juzgar a los llamados pilotos de pago, sino más bien todo lo contrario. La forma en la que un piloto llegue a la F1 no debería ser tan trascendental si, luego, demuestra en la pista que merece esa oportunidad. Me gustaría, pues, destacar el caso de Charles Pic. El francés aterrizó en Marussia el año pasado gracias a sus patrocinadores. Pocos confiaban en que Pic pudiera demostrar algo en la pista, pero lo cierto es que en numerosas ocasiones puso entre las cuerdas a su compañero de equipo y, tras completar las 20 carreras del año, muchos le pusieron la etiqueta de 'mejor debutante de 2012'. En 2013 ha fichado por Caterham para estar, según parece, varias temporadas. ¿Se trata de algo casual? Lo cierto es que Renault y Alpine tuvieron que ver en el fichaje de Pic por Caterham pero, al margen de ello, el piloto ha demostrado merecerse un hueco en la parrilla de la categoría reina del motor, al menos, por ahora.

Como en cualquier deporte, el dinero siempre es un factor importante y decisivo en la mayoría de ocasiones. Fernando Alonso, Lewis Hamilton o Sebastian Vettel siguen ahí arriba no solo por su talento, sino también por el apoyo económico de varios patrocinadores. No es malo ni es negativo que haya gente que te apoye y financie tu carrera deportiva; el toque amargo y la línea que separa el talento de la simple participación en una categoría se traspasa en el momento en el que un piloto llega a la F1 con varios millones, le arrebata el asiento a un piloto con talento y no consigue ni siquiera ser constante en la pista. Estas situaciones deberían estar cada vez vez menos permitidas, pero parece ser que la cosa no hace más que ir a peor. Y, ojo, jamás criticaré a un piloto de pago por el hecho de llegar a la F1 con patrocinadores a sus espaldas, sino por el hecho de conseguir un asiento por su dinero y luego no demostrar sus habilidades en la pista. Mientras tanto, sigamos perdiendo a grandes talentos y llenando la parrilla de jóvenes pilotos (cuyas promesas muchas veces caen en saco roto), que llegará un momento en que todo esto explote y la F1 se convierta en un mundo de ricos, si es que no lo es ya.

NOTA: agradecer a David Plaza toda la ayuda facilitada para la redacción de este análisis. Sin su sabiduría no habría podido explicar ciertas partes de la noticia. Gracias, compañero.

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