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TRIBUTO AL KAISER

Michael Schumacher. Ganar, ganar y ganar

 
DAVID PLAZA
08/10/2012 12:40
Michael Schumacher

"Mi ambición no es pilotar, sino luchar por la victoria. Y el placer de pilotar se nutre de la competitividad". Son las palabras con las que Michael Schumacher anunció su retirada de la competición la semana pasada. Y también las que mejor describen la razón por la que los números alcanzados por el piloto más exitoso de todos los tiempos no podrán, probablemente, ser batidos jamás.

Michael Schumacher no tenía claro qué hacer con su futuro como piloto profesional al más alto nivel. Pero ninguna de esas dudas estaba relacionada con su edad -43 años-, su forma física o una pérdida de ambición. Precisamente esta última cualidad le ha empujado a retirarse definitivamente, tras no poder optar a un asiento ganador y, como consecuencia de ello, tener muchas dudas acerca de si sería capaz de afrontar el desgaste psicológico y personal que la Fórmula 1 exige.

Indiscutible referente


Nos guste o no Michael Schumacher, lo que no podemos negar es que su presencia en las parrillas supuso un punto de inflexión a muchos niveles. Ha habido, hay y habrá muchos pilotos que cuentan con atributos similares o superiores a los de Schumacher en determinadas áreas, pero muy pocos a lo largo de la historia han logrado hasta el momento una combinación tan completa y competitiva.

Michael, odiado y amado a partes iguales -y nunca provocando indiferencia-, ha sido desde su debut en 1991 el icono del piloto profesional y perfeccionista. Con la ética del trabajo como principal axioma, Schumacher consiguió hacer frente a pilotos con más velocidad natural como Häkkinen o Räikkönen. De ese modo llegó a conseguir ser más fuerte, más resolutivo técnicamente y, por tanto, más ganador que casi cualquiera de los que se han enfrentado a él a lo largo de sus 19 temporadas en activo.

La Fórmula 1 moderna se gestó y cimentó en los años 90 y Michael fue el indiscutible referente sobre el que se asentó la competición, tanto en lo bueno como en lo malo. Llegó en un momento en el que leyendas como Alain Prost, Ayrton Senna, Nigel Mansell o Nelson Piquet buscaban de un modo u otro un heredero que sirviera de nexo entre los viejos y los nuevos tiempos: un piloto que diera un paso más en la profesionalización del deporte del motor. Schumacher supo adoptar ese papel para liderar el cambio con un dominio muy pocas veces visto a lo largo de la historia. Un dominio marcado también por el modo de competir en una nueva era en la que los circuitos y los monoplazas se hicieron más seguros y permitieron, por tanto, duelos más vehementes e intensos.

Michael Schumacher dominó la Fórmula 1 de un modo tan intenso que, incluso, ha llegado a dañar su propia leyenda al considerarse que no llegó a tener rivales de envergadura suficiente como para poder valorar sus éxitos hasta el punto de competir con mitos del nivel de Juan Manuel Fangio, Jim Clark, Alain Prost o Ayrton Senna. Superlativo en todos los aspectos, Michael Schumacher, en cualquier caso, es historia viva de la Fórmula 1 por derecho propio.

Oportuno incidente


Diciembre de 1990. Bertrand Gachot, piloto de Coloni durante esa temporada y que para 1991 fichó por el debutante equipo Jordan, tiene un pequeño accidente de tráfico y, posteriormente, una pelea con un taxista en el centro de Londres. Gachot le rocía con un gas paralizante y, ocho meses más tarde, es convocado por el juez y, sorprendentemente, retenido por ser considerado peligroso para la ciudadanía. A la semana siguiente se celebraba el Gran Premio de Bélgica de Fórmula 1 y Willi Weber -manager de un joven llamado Michael Schumacher que corre en el Campeonato del Mundo de Resistencia como piloto oficial de Mercedes- no duda un momento en llamar a Eddie Jordan para que le de una oportunidad al chico.

Tras mucho insistir y alguna que otra mentirijilla por parte de Weber, Jordan accede a realizarle un test a Schumacher por el módico precio de 80.000 libras, cantidad que pagaría Mercedes-Benz. El 21 de agosto, Schumacher se ganó el puesto tras asombrar en el test de Silverstone y pronto llegaron los primeros patrocinadores con 150.000 libras bajo el brazo para lo que sería su debut en la Fórmula 1 esa misma semana: TicTac y Dekra.

Michael Schumacher

Después de un asombroso desempeño en Spa-Francorchamps -donde calificó séptimo y abandonó en la primera vuelta por rotura de embrague-, circuito que le era desconocido hasta entonces, empezó a gestarse su fichaje por Benetton, con Jochen Neerpasch -máximo responsable del Mercedes-Benz Junior Team-, Willi Weber y Tom Walkinshaw -Director de Ingeniería de Benetton- como principales actores. El primero realizó, al traducirlo al alemán, una pequeña modificación en el borrador del contrato que Schumacher debía firmar con Jordan por tres años. El segundo se enteró por mediación del tercero de que Jordan perdería el suministro de motores Ford, ya que éstos pasarían a pertenecer en exclusiva a Benetton, con lo que Jordan se convertiría en un equipo sin demasiado potencial. Todo ello posibilitó que Briatore pudiera hacerse con los servicios de Michael Schumacher desde el siguiente Gran Premio, el de Italia celebrado en Monza, donde terminó quinto por delante de su compañero de equipo: Nelson Piquet.

Tras ganar, el desafío


En Benetton, Michael Schumacher se sintió pronto como en casa, apartando bruscamente a un devaluado Nelson Piquet a base de velocidad e implacabilidad sobre la pista. El equipo, repleto de jóvenes talentos del nivel de Ross Brawn, Rory Byrne, Alan Permane, Nikolas Tombazis o Pat Fry, ascendió en la parrilla firmemente apoyado sobre los hombros de Michael, que ganó su primer Gran Premio al año siguiente en el mismo escenario que le vio debutar: Spa-Francorchamps.

Pronto los grandes dominadores de la F1, Alain Prost y Ayrton Senna, vieron en él a su nuevo gran rival, deshaciéndose en elogios hacia su velocidad, pero preocupados por su implacable determinación sobre la pista. Pocos pilotos en el mundo eran capaces de no encogerse ante estos dos mitos del automovilismo y él, lejos de hacerlo, parecía querer intimidarles.

Con la retirada de Alain en 1993 y el triste fallecimiento de Ayrton al año siguiente, Schumacher heredó el trono de la Fórmula 1 antes incluso de proclamarse campeón, algo que finalmente ocurrió en 1994 tras una intensa temporada en lucha directa con Damon Hill. Tras repetir título al año siguiente, Schumacher decidió aceptar el mayor reto de su carrera: devolver a la decadente Ferrari a lo más alto.

Michael Schumacher

Jean Todt, que llevaba tres años reestructurando la Scuderia, convenció a Michael para liderar el proyecto, atrayendo con él a Brawn y Byrne entre otros. La empresa de devolver el título a Maranello llevó cinco temporadas marcadas por la dura batalla que supuso retomar el control de Maranello y el enorme desafío que plantearon Williams-Renault primero y McLaren-Mercedes con Mika Häkkinen a la cabeza, después. Durante aquel periodo el prestigio de Schumacher se elevó como la espuma plantando cara a sus rivales con material inferior.

A medida que Ferrari fue elevando el nivel, las victorias de Schumacher fueron aumentando cada vez más, pasando de conseguirse con grandes dosis de pilotaje y precisión quirúrgica a la hora de ejecutar la estrategia ideada por Brawn a ser producto de un dominio cada vez más abrumador como consecuencia de un trabajo incansable en conjunto con Bridgestone.

Desde 1996 hasta 2006 -periodo que abarca sus once temporadas con Ferrari- Schumacher consiguió tres, cinco, seis, dos (año en el que sólo disputó diez carreras tras su accidente de Silverstone), nueve, nueve, once, seis, trece, una y siete victorias respectivamente, para un total de 72 con la Scuderia. Con dichas cifras, lideró el periodo de dominio, posiblemente, más aplastante de la historia de la Fórmula 1.

Su cara oscura


A la hora de analizar a Michael Schumacher, sencillamente no es posible obviar su lado más siniestro. Pero, ¿qué ha movido al alemán a protagonizar algunos de los episodios más bochornosos de la historia de la Fórmula 1? Tanto su éxito como su fracaso vienen invariablemente marcados por su enfermiza obsesión por ganar. Del mismo modo que ha dado hasta la última gota de su esfuerzo por mejorar en todos los terrenos, también ha sido incapaz de aceptar la derrota en múltiples ocasiones. Como si aquel adelantamiento de Jacques Villeneuve en Jerez o la maniobra de Rubens Barrichello en Hungaroring llevaran consigo una puñalada en el corazón.

Michael Schumacher

Pocos pilotos han tenido la capacidad de escribir algunas de las páginas de la historia del automovilismo con tintes oscuros como los de Adelaida 1994, Jerez 1997, Spa 1998, Mónaco 2006 o Hungaroring 2010. Estos sucesos, junto con su estilo -eticamente dudoso- a la hora de defender posición, constituyen la principal causa por la que siempre se le negará de manera indiscutible su reinado en el olimpo del motor. Reinado que, a tenor de las cifras, pocos se atreverían a discutir.

Arriesgarlo todo


Cuando el 23 de diciembre de 2009 se confirmó el fichaje de Michael Schumacher por Mercedes, muchos vieron en su vuelta un riesgo excesivo. Tras pasar tres años apartado de la competición de élite, el alemán debía hacer frente a la nueva Fórmula 1 con casi 41 años y mucho que aprender en poco tiempo.

No sólo eso, pues al piloto más laureado de la historia se le exigiría volver a ganar en una parrilla en la que se encontraban algunos de los pilotos más talentosos de los últimos años en plenitud de facultades. Reglamento nuevo, filosofía de competición nueva, rivales nuevos... Michael debía volver a recuperar el ritmo de competición mientras se le exigían resultados.

El primer año las cosas no fueron bien y Michael acusó en exceso los cambios y un monoplaza poco favorecedor. Excesivamente duro con los neumáticos y poco adaptable a su estilo de pilotaje, el Mercedes encajó mucho mejor con Rosberg y, casi por primera vez en la carrera deportiva de Michael, sacó a la luz carencias en su pilotaje. El piloto total que había hecho de la adaptación a las circunstancias una de sus grandes virtudes parecía haber desaparecido.

Michael Schumacher

El contrato de Michael con Mercedes se acordó con una duración de tres años, los que finalmente marcan su segunda etapa en la F1. A lo largo de estas tres temporadas, Michael ha evolucionado y mejorado hasta conseguir ensombrecer a Nico Rosberg en determinadas fases de la temporada. Lejos de ser tan rápido como siempre, ha demostrado mantener su condición física al nivel de los mejores y ha hecho gala de la misma determinación e instinto competitivo de siempre. Ha mostrado su peor cara en momentos como el de Hungría 2010, su ambición en situaciones como la de Mónaco ese mismo año y ser capaz de deslumbrar con su velocidad entre las calles del Principado como pudimos comprobar hace sólo cinco meses.

A Michael no le importó poner en peligro su leyenda y arriesgarse a ser expulsado del olimpo de la Fórmula 1 con una actuación decepcionante. Porque su deseo de volver a sentir el dominio de un monoplaza sobre la pista y la posibilidad de batir a algunos de los mejores pilotos de la década era aún más atrayente. No resultó y ahora pocas listas le colocan como el mejor piloto de todos los tiempos. Pero su contribución al deporte y su amor por la Fórmula 1 es tal que Michael Schumacher es y será siempre patrimonio del automovilismo. Gracias por (casi) todo maestro.

Cifras, por Iván Illán


Michael Schumacher ostenta el récord de títulos mundiales (7), victorias (91), vueltas rápidas (77), pole positions (68), podios (155) de la Fórmula 1 y es el único piloto, junto a Rubens Barrichello, en superar los 300 Grandes Premios. Ha ganado en 23 circuitos distintos de 22 países, incluido Francia, donde venció en ocho ocasiones. Nada menos que 14 años y 32 días separan su primera victoria en el Gran Premio de Bélgica de 1992 y la última en el Gran Premio de China de 2006, entre los que Michael ganó, al menos, una carrera durante 15 temporadas.

Michael Schumacher

El alemán es el único piloto que ha subido al podio durante una temporada completa en 2002, aunque 2004 fue su temporada más prolífica logrando ganar 13 de 18 carreras (siete de ellas consecutivas), marcando 10 vueltas rápidas, consiguiendo el récord de puntos en una temporada hasta el cambio del sistema de puntuación (148 de un máximo de 180) y acumulando 24 carreras en los puntos, una racha inédita en la historia de la Fórmula 1.

En México 1992, Schumacher se convirtió en el quinto piloto más joven en subir al podio y en el pasado Gran Premio de Europa, el 12º más veterano en hacerlo. Entre ambas visitas al cajón pasaron veinte años y tres meses en los que se celebraron 348 Grandes Premios que contaron con la participación de 146 pilotos distintos. Los más de 80.000 kilómetros en carrera con los que terminarán sus días de Fórmula 1 suponen dos vueltas completas al mundo. De ellos, 24.148 fueron liderando la carrera, lo que equivale a once viajes de ida y vuelta entre las localidades de Kerpen y Maranello.
 
 

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