"La del alba serÃa cuando Don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo" Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes), capÃtulo IV
Mi nombre es José Froilán González, pero todo el mundo me llama Pepe. Nacà en Argentina, en un paraje llamado La Colonia, cerca de Arrecifes; en esta ciudad mi padre habÃa comprado el concesionario de Chevrolet, por lo que mi infancia la pasé entre coches, ayudando a los mecánicos en el taller. Era muy mal estudiante, nunca conseguà aprender nada de mecánica; pero me apasionaban los coches, asà que cuando se cerraba el concesionario, por la noche, me quedaba en el taller y me montaba en el de algún cliente para ir a dar vueltas por la ciudad. Era muy joven y todo iba muy deprisa; comencé a correr en carreras clandestinas nocturnas en Arrecifes, las llamábamos "
picadas", de ahà pasé a las competencias sobre tierra, luego marché a Buenos Aires a correr en circuito de asfalto, y allà me sorprendió la llamada del Automóvil Club de Argentina. Me comunicaron que el Presidente Perón iba a patrocinar el viaje de un grupo de pilotos a Europa para que compitieran en el Mundial de F1 recién creado, y yo era uno de los elegidos. Asà que me subà al avión junto al mismÃsimo Juan Manuel Fangio, siendo todavÃa un crÃo de 28 años ¡Fangio tenÃa ya 39!
Aquella primera temporada de F1, la de 1950, fue un desastre para mÃ. Competà con el equipo privado Achille Varzi pilotando un Maserati, y sólo conseguà clasificarme para disputar dos carreras, la de Mónaco y la de Francia, pero no logré terminar ninguna de las dos. A Fangio le fue mucho mejor, claro, él habÃa fichado por Alfa Romeo; estuvo a punto de ganar el Campeonato, pero en la última carrera se lo arrebató Nino Farina. De vuelta a Buenos Aires finalizada la temporada, me fichó Ferrari para disputar algunas carreras allÃ; conseguà vencer a los Mercedes y eso llamó la atención del propio Enzo Ferrari, que me envió un telegrama personal de felicitación. Al año siguiente, en 1951, volvà a Europa de nuevo para competir con un Talbot privado; la verdad es que no esperaba mucho de esa temporada, pero terminó siendo la más importante de mi vida. Especialmente, nunca olvidaré el GP de Gran Bretaña de aquel año, disputado en el circuito de Silverstone... pero dejad que os cuente la historia de aquella carrera.
.- Una prueba con Ferrari
Estoy en el circuito de Reims, antes de comenzar los entrenamientos del GP de Francia; era la cuarta prueba del Mundial, y en las tres anteriores sólo habÃa conseguido clasificarme para la primera, la de Suiza, pero no terminé la carrera; en las otras dos no conseguà el tiempo mÃnimo para participar. Asà que ahora, mirándome en el espejo mientras me afeito, me pregunto si el circuito francés serÃa bueno para mi Talbot, y si el motor aguantarÃa la carrera completa caso de clasificarme. Uno de los mecánicos llama a mi puerta:
.- Pepe, preguntan por ti. Es Nello Ugolini, el Director Deportivo de Ferrari.
¡Caramba! Me quito el jabón de la cara, me pongo la camisola y salgo inmediatamente.
.- Signore González, tengo una proposición para usted.
.- ¡La acepto!
.- ¿Antes de saber lo que voy a proponerle?
.- SÃ.Yo ya sabÃa lo que Ugolini iba a proponerme. Su cuarto piloto, Serafini, acababa de sufrir un accidente en las Mil Millas de Italia y estaba escayolado para meses; y su tercer piloto, Taruffi, habÃa llegado a Reims en bastante mal estado, con una fiebre muy alta, asà que estaba claro que Ugolini querÃa que corriera para ellos el GP, con el fin de tener el mayor número de coches en pista disponibles por si sus pilotos titulares, Ascari y Villoresi, sufrÃan alguna averÃa. Para ellos, yo no era mucho más que un neumático o un radiador, pero para mà ellos eran la oportunidad de demostrar que con un buen coche serÃa capaz de pilotar como los mejores.
.- Será únicamente para esta carrera
.- Muy bien.
.- Deberá ceder su coche a cualquier otro de nuestros pilotos, en caso de averÃa.
.- De acuerdo.La clasificación no se me dio mal, teniendo en cuenta que era la primera vez que pilotaba el Ferrari. SaldrÃa 6º, con Fangio en 7ª posición debido a un problema con su Alfetta. Las dos primeras posiciones las ocuparÃan los Alfa Romeo de Fagioli y Farina, seguidos de los dos Ferrari de Ascari y Villoresi. Yo estaba en la gloria en la parrilla de salida; allá largamos todos, rueda contra rueda en las primeras curvas,... yo pilotaba tranquilo. Cada vuelta me sentÃa más a gusto en el Ferrari; las largas rectas de Reims y sus curvas abiertas me permitÃan sacar todo el partido a su potente motor. Sin darme apenas cuenta, estaba pilotando en los tiempos de los mejores; cuando llegué hasta Villoresi, le pasé sin contemplaciones; luego vi que Ascari tenÃa un problema y se metÃa en boxes, Farina se salÃa de pista y estaba intentando volver, y en Alfa Romeo paraban a Fagioli para que cediera su coche a Fangio, que habÃa sufrido una averÃa. Casi sin mayores esfuerzos... ¡estaba primero!
En ese momento, a mitad de carrera, me llamaron a boxes para que cediera mi coche a Ascari; cuando Alberto volvió a pista aún conservaba la primera posición, tal era la ventaja que habÃa sacado a mis rivales. Luego fue adelantado por Fangio, pero a mà me hizo mucha ilusión subirme al segundo cajón del podio junto con Ascari ¡y aún no habÃa terminado mi primera carrera en F1! Cuando nos bajamos del podio, Nello Ugolini vino a buscarme:
.- Don Enzo quiere verle el miércoles en Maranello. Salimos en un par de horas, vendrá con nosotros..- La primera vez que estuve en Maranello
Recuerdo la extrañeza con la que contemplaba desde un camión de Ferrari las tierras que circundaban la población de Maranello. Campos y campos de vides, perfectamente alineadas, daban la idea de una aldea rural, de economÃa básicamente agraria. Nada que ver con la industrial Milán, que habÃa conocido cuando fui invitado por Fangio a conocer la fábrica de Alfa Romeo, y que era toda ella un conglomerado de factorias de los más diversos sectores, entre ellos el mecánico. Pregunté al chofer del camión:
.- ¡Ah, las vides! Maranello está en Módena ¿no le suena?
.- Pues no, no me suena el vino de Módena.
.- ¡Claro! Porque el vino de Módena es tan malo que sólo sirve para hacer vinagre, pero eso sà ¡el mejor vinagre del mundo!
.- ¿Y eso es todo? ¿La riqueza de Maranello está en el vinagre?
.- ¡Ah, no! También está Ferrari. Ya lo verá.Y tanto que lo vi. Yo habÃa estado ya en Alfa Romeo, en Milán, como he dicho; y allà vi una gran fábrica, al nuevo estilo americano del trabajo en cadena propugnado por Ford, con operarios haciendo trabajos repetitivos en naves inmensas de las que salÃan cientos de automóviles cada dÃa. Pero lo que no vi en Milán fue a los vecinos, como sà vi en Maranello, salir al paso de la comitiva de camiones de Ferrari para vitorearnos, formando un pasillo humano hasta la fábrica. La fábrica... digamos un taller venido a más, nada que ver con las instalaciones de Alfa Romeo en Milán. En la factorÃa Ferrari aún veÃas las piezas guardadas en viejas latas de aceite cortadas por la mitad para ser usadas como cubiletes, y a los operarios deambular de un lado para otro por la nave, sin tener cada uno un puesto fijo en una cadena de montaje. Comprendà entonces que Alfa Romeo era la "Italia urbana", la del poderÃo industrial y financiero enclavado en Milán, que podÃa pagarse al mejor piloto italiano del momento, Farina, y a la mayor figura internacional, Fangio; mientras Ferrari serÃa la "Italia rural", la que trataba de salir adelante después del desastre de la Segunda Guerra Mundial aferrada a la tierra, a la agricultura,... y a estirar el dinero como si fuera un chicle; la Italia que debÃa contentarse con fichar a un piloto argentino que aún no habÃa terminado ni una sola carrera en F1.
La verdad, Ferrari no parecÃa una fábrica muy rica, ni mucho menos como para ser el centro económico de una región, ni siquiera de una aldea ¿Me habÃa engañado el chofer del camión? O quizás yo no le habÃa entendido, porque Ferrari no era evidentemente el motor industrial de Maranello... pero sà era su corazón; todo el pueblo latÃa al ritmo del rugir de sus motores. Entrenábamos todos los dÃas, y como no habÃa pista ni circuito cercano donde hacerlo, corrÃamos por las calles del pueblo; recuerdo que cuando se abrÃan las puertas de la fábrica y salÃan los monoplazas, la sirena de Ferrari sonaba 5 veces; era el aviso para que los ciudadanos de Maranello abandonaran las calzadas y retiraran los pocos vehÃculos a motor y los muchos carromatos de las calles ¡SalÃan los Ferrari a entrenar! Atravesábamos el pueblo a toda velocidad, entre el jolgorio de sus gentes, que nos veÃan pasar desde sus portales y ventanas y nos aplaudÃan, gritaban y jaleaban. En el pueblo probábamos los motores, los frenos y las suspensiones los probábamos en un cercano puerto de montaña, en las primeras estribaciones de los Apeninos, bajando como locos... sÃ, aquello no era Alfa Romeo, no era Milán, no era el circuito de Monza,... ¡pero yo tampoco era Fangio, qué demonios!
.- González, éste es su contrato. FÃrmelo en la última página.
.- Muchas gracias, señor Ferrari.
.- ¿No piensa leerlo?
.- No es necesario, me fÃo de usted.
.- Bien, se lo resumo. Cobrará usted 150.000 liras, la mitad que Ascari, al estar ya comenzada la temporada. No sé si podré pagárselas, está escrito por ser una exigencia del Sindicato. Si no pudiera pagarle, a final de temporada le regalarÃa un coche. En los premios que consiga iremos al 50%. Será usted el cuarto piloto, correrá con el material que le demos, neumáticos incluidos ... a propósito, Ascari y Villoresi prefieren los Pirelli a los Englebert y siempre están peleando ¿usted tiene alguna preferencia?
.- Nunca me preocupé de los neumáticos de los coches que pilotaba, no sabrÃa distinguir unos de otros.
.- Mejor asÃ... y por último, dejará su puesto en carrera a cualquiera de los dos primeros pilotos del equipo en caso de una averÃa que les impidiera continuar ¿alguna pregunta?
.- ¿Correré asegurado?
.- Todos nuestros pilotos corren asegurados.
.- Perfecto entonces..- Los secretos del circuito de Silverstone
La primera carrera que iba a disputar para Ferrari ya con un contrato en regla serÃa el GP de Gran Bretaña, en el circuito de Silverstone, un viejo aeródromo de la Segunda Guerra Mundial reconvertido para las carreras. Yo viajarÃa con el equipo Ferrari, y antes de salir de Maranello recibà una llamada telefónica; era Juan, Juan Manuel Fangio quiero decir:
.- Pepe ¿cuándo llegás a Inglaterra?
.- El miércoles, por la mañana.
.- Bien, te espero en el circuito a eso de las cinco. Venà tú solo. En la puerta del hangar.
.- Allà estaré.Y allà estuve, claro. Juan me esperaba junto a un camión de Alfa Romeo; cuando llegué estaban descargando un deportivo de la marca, de los biplazas que utilizan para las carreras de resistencia, en las que también participaba Fangio.
.- SubÃ, vamos a dar unas vueltas.Es bien sabido que Juan siempre preparaba de esta forma las carreras, yéndose un dÃa antes de la llegada de los equipos al circuito para conocerlo y probarlo; lo que no me imaginaba es que esta vez lo harÃa conmigo de copiloto. Y empezamos a dar vueltas, y vueltas, y más vueltas.... Fangio se fijaba en todos los detalles: en los baches, en las zonas con arena, dónde soplaba el viento,... y probaba varias trazadas, diferentes puntos de frenada y aceleración, en qué curvas se podÃa derrapar y en cuáles no,... Yo nunca habÃa hecho nada parecido, yo me subÃa al coche y trataba de ir lo más rápido posible hasta la meta. Y cuando llegaba a una conclusión, Juan me lo decÃa:
.- Maggotts a fondo sin problema, pero pegáte al vértice. Tú podrás hacerlo con el Ferrari.
.- ¿Viste el bache en mitad de la recta del hangar? No te lo tragues.
.- Cuidado en Copse, frena fuerte a la altura del matojo aquél ¿Lo viste? Luego acelera sin miedo y deja que deslice de atrás.
.- Aquà puedes adelantar; en Abbey puedes tomar la curva desde el medio de la pista, no es necesario irse hasta el extremo. Te colocás en paralelo y lo pasas.Aquello fue una clase completa, y Juan era un gran profesor. Yo le escuchaba y trataba de recordar todo lo que me decÃa, como quien se está aprendiendo la tabla de multiplicar ¡creo que nunca me esforcé tanto en la escuela como aquel dÃa en Silverstone! Cuando Fangio dio por terminada la lección, volvimos hasta el camión de Alfa Romeo. Yo no sabÃa qué decir, el primer piloto de Alfa Romeo y lÃder del Mundial acababa de explicarle todos los secretos del circuito de Silverstone al cuarto piloto de Ferrari; recuerdo que intenté torpemente darle las gracias y desearle suerte para la carrera... Juan me contestó con su laconismo habitual:
.- Acá ganan ustedes.Yo lo tomé como un cumplido, no como una predicción; Alfa Romeo habÃa ganado todas las carreras de F1 disputadas hasta la fecha, tanto el año anterior como éste, salvo las 500 Millas de Indianápolis, el GP de EE.UU., en las que no participaban. Pero Fangio sabÃa lo que decÃa, tras haber estudiado a fondo el circuito era capaz de detectar qué coche lo harÃa mejor allÃ, porque conocÃa el Ferrari casi tan bien como el Alfetta. Durante los entrenamientos del viernes traté de recordar todo lo que Juan me habÃa dicho, intentaba trazar por donde él trazaba, recordé los puntos de frenada y aceleración, y practiqué las derrapadas a la salida de las curvas... todo salió como Fangio me habÃa anunciado que saldrÃa. El sábado logré la pole, Fangio saldrÃa segundo, Farina tercero y Ascari cuarto; Juan fue de los primeros en venir a felicitarme; me dio un abrazo enorme y me susurró al oido:
.- Te lo dije, Pepe. Acá ganan ustedes.Durante años se discutió si la ayuda que Fangio me prestó aquel miércoles fue desinteresada o lo hizo porque querÃa que yo quedara por encima de mi compañero Ascari, su gran rival para el Campeonato del Mundo. Quien crea lo segundo es que no conoce a Juan; él era incapaz de pensar en que otro piloto podrÃa ayudarle a batir a un rival y además él sabÃa perfectamente que en caso de averÃa Ascari ocuparÃa mi lugar. Juan me ayudó por unas razones bastante más sencillas: porque yo era un novato que me tenÃa que ganar el puesto en Ferrari, porque yo era argentino,... y porque yo era su amigo.
.- De la nobleza de Fangio a la de Ascari

El dÃa de la carrera estaba mucho más nervioso que en la sesión de clasificación; salir desde la pole me habÃa llenado de responsabilidad, y aunque en el equipo Ferrari me habÃan tranquilizado y me habÃan dicho que hiciera lo que pudiera, yo sabÃa que podÃa firmar una buena carrera, es más, sabÃa que podÃa ganar. Me paseaba por la parrilla intentando aparentar tranquilidad, pero por dentro estaba temblando como un diapasón. Cuando llegó el momento de meterme en el coche, algo se aflojó en mi interior y tuve una perentoria necesidad de salir corriendo hacia el baño; salté el murete que separaba la pista de los garajes y me dirigà corriendo hacia la primera puerta que decÃa WC. Entré raudo soltándome el cinturón y los pantalones, y cuando levanté la vista buscando un excusado libre... me encontré un grupo de mujeres que me miraban entre extrañadas y asustadas ¡Me habÃa metido en el WC de señoras! Pero ya no habÃa tiempo, me colé en la primera puerta abierta y la cerré a mis espaldas. Cuando terminé salà de allà lo más dignamente que pude; en el WC ya no habÃa nadie, pero sà muchos curiosos tras la puerta; bajando la cabeza y más colorado que mi Ferrari me dirigà hacia la parrilla de salida.
En la arrancada Farina estuvo a punto de ganarnos la punta a Fangio y a mÃ, pero en la primera curva aún era yo el primero; en la vuelta 10 Fangio me pasa, precisamente en Abbey ¡como si yo no supiera que lo harÃa justo en ese punto! Pero me engancho a él, con Farina y Ascari detrás. Yo iba siguiendo las trazadas de Juan, sabiendo exactamente dónde iba a frenar y dónde a acelerar, y debo reconocer en justicia que el de Alfa Romeo no me hizo ningún extraño, cada vuelta la hacÃa con la precisión de un reloj suizo. Cuando Fangio entra a cambiar gomas y repostar combustible apenas me sacaba 5 segundos; yo sabÃa que ése era mi momento, porque Ferrari habÃa abandonado los motores turbo para volver a los atmosféricos, lo que se reflejaba en una menor velocidad punta, despreciable en las cortas rectas de Silverstone, y también en un menor consumo de combustible. AsÃ, el Alfa Romeo deberÃa cargar unos 300 litros, en lo que tardarÃa entre 40 y 50 segundos, mientras que el Ferrari llegarÃa a meta con solo 220 litros, y podrÃamos hacerlo en unos 25, al menos eso habÃamos entrenado. Fangio tardó 48 segundos en su parada, asà que yo pensé que cuando entrara podrÃa superarle.

Pero algo falló; en la vuelta 53 Ascari tuvo que abandonar por una rotura de su caja de cambios. Me llamaron a boxes un par de vueltas más tarde, y yo entré de inmediato, querÃa entregar mi coche al italiano en primera posición y en disposición de ganar la carrera. No me molestaba el hecho de dejarle mi puesto, él era el primer piloto de Ferrari, quien podÃa disputarle el Mundial a Fangio, y además ya lo habÃa hecho en Francia y estuvo muy amable invitándome a subir con él al podio. Asà que no me extrañó ver a Alberto esperando mi llegada en el garaje; nada más frenar me incorporé en el asiento cuando sentà una mano en mi hombro que me impedÃa salir; era Ascari:
.- Esta es tu carrera, bambino. Gánala tú.No sé si fue una decisión sólo de Alberto o la habÃa consultado previamente con Enzo Ferrari, pero en aquel momento ni lo pensé; volvà a sentarme y aceleré para salir a pista ¡habÃamos conseguido una parada de 23 segundos y era primero! La carrera constaba de 90 vueltas, por lo que aún quedaba un mundo, asà que me concentré en recordar todo lo que habÃa visto hacer a Fangio; en esas primeras vueltas mi Ferrari era mucho más ligero que su Alfetta, por lo que la diferencia fue aumentando, pero cuando el peso del combustible se fue igualando los Alfetta empezaron a volar; Farina marcó la vuelta rápida en carrera, pero afortunadamente para mà sufrió una averÃa en la vuelta 75 que le obligó a retirarse.
Llevaba más de dos horas de carrera y ya le habÃa cogido el gusto al circuito; mi Ferrari danzaba sobre el asfalto, aprovechando nuestra menor velocidad punta podÃa frenar menos a la entrada de las curvas y salir más rápido, por lo que conseguà estabilizar la diferencia con Fangio, al que ni siquiera veÃa en mis retrovisores. En realidad, ganar aquella carrera, la primera carrera de F1 que conseguÃa terminar, resultó bastante más sencillo de lo que podÃa haber imaginado. Crucé la meta a 51 segundos del Alfa Romeo de Fangio, tras 2 horas y 42 minutos de carrera. Cuando bajé del coche la primera felicitación fue la de Ascari, el hombre que por derecho podÃa haberme relevado y que me dejó ganar; la segunda, del maestro, de mi amigo Juan Manuel Fangio:
.- Lo viste Pepe, ya te dije que acá nos pasaban el trapo.Me vi rodeado por los aficionados, que me pedÃan autógrafos y apenas me dejaban caminar ¡A mÃ, a Pepe González, le pedÃan autógrafos en presencia de Fangio, de Ascari o de Farina! Cuando llegué al garaje vi a Enzo Ferrari llorando; pensaba que era por la emoción, por la alegrÃa de la primera victoria de uno de sus coches. Todos sabÃamos que Ferrari habÃa aprendido todo lo que sabÃa en el equipo de competición de Alfa Romeo, del que se marchó para montar su propia escuderÃa, dejando allà a sus amigos, a sus compañeros, a sus maestros. Pero las lágrimas de Don Enzo eran de sincera tristeza; cuando por fin pudo sobreponerse, dijo a los reunidos a su alrededor:
.- Siento un gran dolor en mi interior. Siento como si hubiera matado a mi madre..- La vuelta a Maranello
Volvimos todos juntos a Maranello tras la carrera. Cuando los grandes camiones rojos de Ferrari tuvieron el pueblo a su vista, desde la torre-campanario del castillo de los Marano nos recibieron con el repicar de las campanas, que se oÃan por toda la campiña. Las gentes dejaron el trabajo en el campo y se arremolinaron en torno a la carretera, obligando al convoy a reducir su velocidad para terminar acomodándola al paso de los lugareños. Aquello sà que fue una entrada triunfal, los hombres y las mujeres me abrazaban, me besaban, veÃa lágrimas en sus ojos... aquél dÃa comprendà que habÃa entrado en la historia de Ferrari. Desde aquella primera victoria, siempre que un Ferrari gana un GP las campanas del castillo vuelven a sonar para que todo el pueblo de Maranello lo sepa.
Casi 21 años después, en el GP de Argentina que abrÃa la temporada de 1972 disputado en Buenos Aires, recuerdo que me llevaron a la parrilla de salida para saludar a los pilotos. La mayorÃa eran jóvenes que apenas si sabÃan quién era yo, hasta que vi a uno de ellos venir corriendo hacia mÃ; era el que luego fue tricampeón, Jackie Stewart. Cuando llegó hasta mi grupo me dio un fuerte abrazo. Yo estaba un tanto sorprendido, pues no conocÃa personalmente al piloto escocés.
.- Señor González ¡Cuánto tiempo he esperado hasta poder conocerle en persona!Yo estaba entre confundido y avergonzado. Stewart debió notarlo, porque pÃcaramente sonrió, se metió la mano en el bolsillo del mono y sacó una vieja fotografÃa mÃa, con mi firma.
.- ¿Se acuerda usted de esta foto? TenÃa yo 12 años cuando le vi ganar en Silverstone. Me pegué con muchos aficionados hasta conseguir llegar hasta usted tras la carrera para obtener su autógrafo. Si hoy soy piloto de F1 en gran parte se lo debo a usted ¡Qué gran victoria aquella!Al dÃa siguiente de nuestra llegada a Maranello, Enzo Ferrari me llamó a su despacho. Vi que habÃa hecho colocar una gran fotografÃa mÃa cruzando la meta de Silverstone detrás de su escritorio. Me mostró un montón de papeles.
.- González, éste es su nuevo contrato. FÃrmelo en la última página.
.- Muchas gracias, señor Ferrari.
.- ¿No piensa leerlo?
.- No es necesario, me fÃo de usted.
.- Bien, se lo resumo. Ganará usted 6 millones de liras al año, podrá elegir los neumáticos que desee en cada carrera,... y no tendrá que ceder su coche a ningún otro piloto en caso de averÃa.
.- Muchas gracias, señor Ferrari.
.- Gracias a usted, González. Créame si le digo que no le olvidaré mientras viva.
.- De ninguna manera, señor Ferrari, soy yo quien debe darle las gracias. Créame usted si le digo que Ferrari será un gran equipo y se escribirán libros enteros contando su historia, enumerando triunfos y más triunfos. Yo sólo seré Pepe González, el piloto argentino que ocupará la primera lÃnea de esa lista de victorias.